jueves, enero 18, 2007

Bombay duck


Escribir diariamente mis experiencias de comensal solitario me ha hecho recordar además, los numerosos viajes en solitario que he hecho. Hace ya añitos, y gracias a mi actividad publicitaria, me encontré en el bolsillo con un billete abierto de Lufthansa para viajar a donde yo quisiera y cuando quisiera. Todo un chollo, aunque el billete sólo tenía dos pequeños inconvenientes: uno que era personal e intransferible y otro que caducaba al cabo de un año. Un año pasa volando y evidentemente me decicí por lo más gordo y lejos que mi mente podía imaginar, y lo más gordo y lejos que me planteé fué dar la vuelta al planeta en un mes. No programé en absoluto el viaje. Iría improvisando por las ciudades donde la compañía aérea hacía sus escalas hasta completar toda la vuelta al mundo. Y así lo hice y en solitario, claro.
Mi primera etapa del viaje fué Frankfurt-Bombay. Entonces se llamaba Bombay, pero en 1995 dejó de llamarse así y ahora se llama Mumbai, en honor a su diosa local Mumba Devï.
La India, primer país de mi periplo fué uno de los que más me impactó. Aún perdura en mi aquella primera sensación que tuve cuando el avión llegó a la terminal y el sobrecargo abrió la hermética escotilla. Penetró al instante un denso aroma del exterior, invadiendo la híbrida atmósfera del 747. Era un caliente y denso olor a especias, a una mezcla de todas ellas. Un aroma que ya no me abandonaría durante todo lo que duró mi estancia en el país porque aquél, era el olor de la India.
Fragancia y sabor de unas especias que marcan todo el carácter de la vida y la gastronomía hindú. Su riquísima diversidad de platos se aderezan con veinticinco variedades de especias distintas. Los cocineros indios que son unos maestros en la técnica del aliño de especias, a cada combinación y toque personal le llaman masala.
Si bien en esa época yo tenía otras prioridades y aún no padecía de gastronomitis (aunque mis compañeros de la oficina en Milán ya me llamaban "il forchetta"), debía ser cuidadoso y gestionar muy bien mis limitados recursos económicos y administrarlos con prudencia para tan largo viaje. Así y todo, mi epopeya hubiera perdido una parte importante de su atractivo, de no haber tenido en cuenta su vertiente gastronómica, por lo que siempre procuré dedicarle una cantidad de mis recursos a comer en un buen restaurante, como mínimo, una vez por ciudad visitada. Y gracias a ello, mi experiencia gastronómica en la India fué inolvidable.
Antes de seguir viajando hacia el sur del país, reservé mi segundo día de estancia en Bombay para comer algo mejor. Así que en el restaurante, opté por un 'Bombay duck' anunciado en su carta. Pensé que un hermoso muslo de pato al curry no me vendría mal, pero me presentaron un 'no identificado' plato de pescado. Cuando le pedí al camarero donde estaba mi pato, se rió unos segundos y me dijo que a todos los turistas les sucedía lo mismo. Mi plato era un pez autóctono del mar de Arabia llamado bombloe, pero en Bombay, se llama 'duck'.
Aprovechando mi eror y la manifiesta confianza del joven camarero, le pregunté con cierta curiosidad, por aquellos impecables y relucientes zapatos negros de charol que llevaba puestos y que tanto contrastaban con su blanco uniforme. Además por la calle, todo el mundo parecía ir en sandalias. Ah, sí -me respondió- son propiedad del restaurante. Y son los mismos que ha llevado mi padre, durante quince años.
El nombre curry procede de 'kari' y significa salsa de especias. En realidad el curry es una mezcla de jengibre, cilantro, curcuma, nuez moscada, cardamomo y semilla de amapola, aunque también puede llevar clavo y azafrán. También se utiliza mucho en la cocina hindú el yogurt mezclado con curry, con azúcar o con masala. Como digestivo para después de las comidas en la India toman pan, una hoja de betel rellena de anís y cardamomo.
Me encantaría tener aquí en Barcelona tan buenos restaurantes indios como los que hay en Londres. Yo no conozco ninguno. Si alguien conoce alguno bueno, que me lo diga. Lo agradeceré.

2 comentarios:

mharía vázquez benarroch dijo...

Hay un pequeño restaurant hindú en la plaza donde están las tumbas romanas (esas que estuvieron cerradas mucho tiempo), que es como un pequeño parquesito. no recuerdo el nombre del sitio pero si un pollo al masala memorable, con orgasmos de azafrán, cúrcuma y leche de coco.
buena suerte, es exquisito.

joanet dijo...

Lo investigaré mharía.
Moltes gràcies!