miércoles, noviembre 22, 2006

Carajillo


En una columna de El Mundo, leo: "Una costumbre tan arraigada en algunas personas como fumar un cigarrillo mientras se toma un café puede ser la peor combinación para sus coronarias. Aunque ya se conocía que, por separado, estas sustancias pueden alterar el sistema cardiovascular, un estudio confirma que juntas producen un daño mucho mayor que la simple suma de las dos".
Hace años cuando yo era un fumador convulsivo me encantaba tomar un par de tacitas de café después de las comidas. El sabor del tabaco unido al aroma del café formaban una indiscutible mezcla que marcaba impecablemente cuál era el límite entre el haber comido y el inicio de la sobremesa. Una liturgia diaria, un ritual costumbrista y una sensación casi perfecta que empezó a desaparecer en el mismo instante que eliminé a uno de los dos ingredientes: el tabaco.
Al abandonar el buen hábito de fumar, mi amor hacia el café fué decreciendo progresivamente hasta extinguirse por completo.
Ahora después de comer ya he dejado de tomar café. En su lugar prefiero un te verde o un te con aroma de bergamota. El café cuando lo tomo, lo he relegado a vil 'carajillo' (eine Espresso mit Brandy): esa mezcla de café con cualquier tipo de bebida alcohólica que le eches. En mi caso, en lugar de brandy le suelo echar whisky. Las papilas gustativas no se benefician en nada pero es un buen chute, un signo de admiración contundente al final de una comida que deseas terminar o una manera de joder otra vez a mis ya aburguesadas coronarias.
Hay auténtica obsesión generalizada en los medios para intimidar a los ciudadanos bienpensantes de que el mal y el peligro nos acecha porque está en todas partes -desde el terrorismo maquiavélico al silencioso cigarrillo pasando como no, por la gripe aviar- y por eso he imaginado por un momento qué tipo de efecto podría causar ese artículo de El Mundo, a un soldado, mientras patrulla acojonado por un barrio de Bagdad.

1 comentario:

te conozco de hace años dijo...

Habanos... viejos tiempos... me gustaba su aroma...