viernes, febrero 09, 2007

Garbanzos con miel


Mi viaje en solitario tocaba prácticamente a su fin. Acababa de llegar a Nueva York y la siguiente etapa que completaría mi órbita al planeta, sería ya la que fué mi punto de partida: Frankfurt.
Mientras tanto, no se podía pedir más: estaba en una ciudad fascinante y mi amigo Muntadas, artista veterano en el campo de la videocreación, me había cedido amablemente su magnífico loft de Manhattan para que yo no tuviera que hospedarme en ningún hotel, mientras el estaba ocupado con su exposición de la Bienal de Venecia. Estuve toda la semana en la big apple y me supo a poco. En Nueva York es imposible aburrirse. Y en el aspecto gastronómico tampoco me quedé corto. Su diversidad cultural es tan extensa, que la variedad gastronómica que se puede encontrar en la ciudad es increíble. Me pateé Chinatown y comí Kay Chup Yue (pescado en salsa agridulce). Spaghetti alla putanesca en Little Italy. Comí pies de cerdo en Greenwich Village, el tranquilo barrio de Manhattan que acoge desde los años veinte a algunos de los mejores restaurantes y tiendas de comestibles de la ciudad. Caminé hasta Harlem donde dicen que no es recomendable, ninguna calle más allá de la 125. Merodeé por la Times Square que nunca duerme porque es el corazón de la isla. Caminé y caminé hasta destrozarme los pies. La mejor manera de sentir el pulso a Manhattan es a pie o en metro. Cruzé el puente de Brooklyn caminando al atardecer porque tiene algo de mágico, de cinematográfico. Mientras ves pasar los barcos a tus pies y contemplas la silueta de los brillantes rascacielos a contraluz. Por algo Vladímir Mayakovsky, Jack Kerouac, Hart Crane y Federico García Lorca lo inmortalizaron en sus versos. Y aunque ahora Brooklyn está de moda, durante muchos años este puente fué el símbolo de la libertad para los que vivían en el barrio de Brooklyn y soñaban en cruzarlo alguna vez para abrirse camino en Manhattan.
Visité a un matrimonio amigo en Queens. Hacía una semana que había nacido su primer hijo y es tradición entre los judíos, ofrecer un plato de garbanzos con miel a los huéspedes, el primer viernes después del nacimiento. Fué mi única experiencia gastronómica de aquellos días que tuvo fatales consecuencias. Al día siguiente, con el recuerdo aún del atardecer en Manhattan y los garbanzos con miel, volé hacia mi meta final. Este mismo año, en diciembre, regresaría otra vez a Nueva York por motivos de trabajo. Durante mi estancia en la ciudad, Mark David Chapman asesinó a John Lennon para robarle una parte de su gloria.

-La foto que publico, está sacada de Pomegranates and Chickpeas the Conversos Way

2 comentarios:

Lalodelce dijo...

Mi amigo Javad, que habla farsi e inglés y francés, miró por sobre mi hombro la foto de este post tuyo, y le dio una genial idea para su próxima ensalada. Tomó nota del link también.

Nunca estuve en NY; pero qué ganas tengo!

joanet dijo...

Buscando fotos de garbanzos con miel, me salió este link, donde aprendí cosas interesantes sobre esta receta, lalodelde.