miércoles, mayo 20, 2009

Suquet


Son las once del mediodía y Juanito empieza a preparar un suquet para los cinco tripulantes del Antonia. El Juanitu, como le llaman en el pueblo, es un viejo pescador de Arenys que lleva más de cincuenta años en la mar. No quiere jubilarse pero sabe que pronto tendrá que desembarcar y quedarse en tierra para siempre. Su hijo Pere es, desde hace cinco años, el patrón de la veterana embarcación. Ya hace tiempo que Juanito arrastra problemas en la visión y su espalda le recuerda constantemente las miles de millas navegadas.

El Antonia y yo nos tendremos que jubilar pronto, me dice. Mi hijo quiere un barco nuevo y más rápido, pero la pesca está cada dia peor, y creo que habrá que conservar a éste mientras dure. Juanito monda ágilmente con el cuchillo las patatas del suquet, mientras observo sus manos de gorrión, grandes y rugosas, surcadas por antiguas cicatrices de mil redes y cabos.
Con setenta años a cuestas, ahora se ocupa de alimentar a la tripulación. Dentro del Antonia, que huele a pescado y a gasoil, no hay un solo lugar pensado para la más mínima comodidad. En una cazuela ancha sobre un fogón de gas butano, Juanito sofríe un par de cebollas cortadas a finas rodajas. La cazuela está sujeta al fogón por unas grandes pinzas para evitar que vuelque debido al balanceo de las olas, y el fogón, junto con toda la cocina, es basculante. Al sofrito de cebolla, el veterano pescador hecho cocinero, vierte una picada de almendras, piñones y perejil, machacados previamente en un mortero.
Le llamamos suquet, pero la receta es medio inventada, comenta Juanito, mientras va añadiendo al sofrito varios puñados de gambas rojas y un calamar troceado. Cada barco tiene la suya, pero la base es la misma: pescado, gambas y patatas. Lo de suquet, viene porque podemos sucar pan. Normalmente lo preparo una vez por semana.
En la cabina del Antonia, no hay campana ni extractor de humos. Sólo una pequeña escotilla abierta por donde se ve el cielo y la mar, por lo que el intenso vapor soltado por las gambas y el calamar, invade toda la estancia, sobrepasando al mismísimo tufo de gasoil. Un vasito de coñac arrojado al sofrito en este instante, hace flambear toda la cazuela. Y es en este momento cuando Juanito, aparta con una espumadera las humeantes gambas y las reserva en un plato.
En tierra, cuando a veces preparo el suquet, no sabe igual que el de abordo, comenta Juanito con una sonrisa afable y rostro curtido por décadas de inclementes vientos marinos.
Una botella de vino blanco y dos vasos de agua, uno de mar y otro de agua dulce, llenan la cazuela hasta la mitad, que con el cabeceo del barco virando rumbo al puerto de Arenys, parece que de un momento a otro se va a derramar.
En cubierta, la tripulación del Antonia ha terminado de faenar y estan recogiendo y limpiando las redes. Se escucha un gran griterío del numeroso cortejo de gaviotas que revolotean alrededor del barco, aprovechando los despojos flotantes y pequeños peces que se tiran a la mar.
En cabina, cuando el caldo rompe a hervir, Juanito agrega las patatas advirtiendo que es fundamental no cortarlas con el cuchillo sino romperlas, para que suelten el almidón. Mientras las patatas se hierven en el caldo donde casi todo es vino, Juanito ha troceado con mano diestra un rape y un rodaballo que coloca a continuación en la cazuela. También agrega unos escamarlanes junto con las gambas flambeadas que tenía reservadas.
Lo que en principio fué un olor fuerte y penetrante, ahora se ha convertido en un aroma casi embriagador. Aroma que sin duda, ha salido por la escotilla abierta y ha llegado a cubierta para llamar en silencio a los marineros que la comida ya está a punto.
Son las doce del mediodía y hace muchas horas que empezó el día abordo del Antonia.
La cabina se llena de voces y de risas.
Vamos a comer el suquet de Juanito.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Escamarlà (Catala)
Cigala (Español)

joanet dijo...

Lo sé anónimo.
Pero a mi me apetece decir 'escamarlán'

Lalodelce dijo...

Estoy lista para morfar el Suquet de Juanito ... sólo falta conocerlo ... hasta el aroma siento.

joanet dijo...

Entonces, mejor será no podar los pelillos de la nariz, no?