miércoles, octubre 14, 2009

Cocina, mitologías y afrodisíacos


Asociar gastronomía con erotismo no es una invención moderna. Los romanos decían encontrar poder excitante sorbiendo caracoles. Los chinos lo obtenían en el ginseng y en el jengibre, los árabes con la nuez moscada y la miel. Desde siempre, ya sea como herramienta de ayuda a la seducción, o para mejorar las propias prestaciones bajo las sábanas, la gente está dispuesta a tragarse cualquier cosa. Desde cuerno de rinoceronte en polvo, raíz de mandrágora, hasta saliva de rana. Aunque para los más tradicionales y menos osados, son suficientes unas ostras con champagne.

Es obvio que existe una relación directa entre mesa y cama porque hay una relación directa entre comer, beber y amar. En la ceremonia del arte de seducir, la antesala se inicia siempre con una invitación a comer. Es parte de la liturgia. Pero, ¿puede la comida ser realmente afrodisíaca?
Aunque se quiera creer en la comida afrodisíaca como algo que despierta la esfera del erotismo y de la pasión, estoy convencido que el despertador del eros no está en los ingredientes, ni en la receta, ni siquiera en el interminable nombre de un plato francés. En realidad, Afrodita sólo reside en nuestra mente. Decía Vázquez Montalbán en sus Recetas inmorales, "...no sé de nadie que haya logrado seducir con lo que había en el plato, pero hay una larga lista de seducidos por explicar lo que se estaba a punto de comer...".
Lo importante es que la ceremonia de compartir una comida se convierta en un acto afrodisíaco en sí mismo. Es inútil esperar a que surta el efecto afrodisíaco de la media docena de otras que nos hemos zampado si no hemos sido lo suficientemente hábiles de compartirlas con extrema sensualidad y concupiscencia. Esta es la magia que relaciona a la comida con el sexo. No existen potentes afrodisíacos que hagan renacer el erotismo si estos no están sazonados con una buena dosis de pasión y presentados en un ambiente capaz de despertar el deseo del otro. Si las ostras, las trufas y el champagne funcionan es porque somos capaces de crear el clima favorable. Entonces, y por la misma regla de tres, también seremos capaces de generar una comida afrodisíaca a base de spaghetti al pomodoro o alrededor de una humeante paella valenciana.
El pan del deseo con fruta prohibida, las sensuales recetas sazonadas con poesía, las noches orientales con besos de chocolate y las orgías culinarias entre cielos e infiernos, son mitología.
La justa compañía y el clima son los ingredientes fundamentales.
Palabra de ex-seducido.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Ostras y nunca mejor dicho Joanet, que tema escribes hoy en tu blog !!!
Habría para escribir varias páginas de comentarios.
Te doy mi opinón:

Si bien es cierto que algunos alimentos aportan su granito de arena a la excitación por la producción de aminoácidos o sintetizadores que participan en la producción de hormonas o en la actividad del sistema nervioso, no se puede recurrir a ellos como tabla de salvación para lograr reactivar la libido.
Yo estoy a favor de tu teoría al 100X100
La justa compañía y el clima son los ingredientes fundamentales.
Un saludo
TX

lalodelce dijo...

Cuando se habla de la química que algunos alimentos poseen al servir como afrodisíacos, no puedo evitar el pensar en los horrorosos resultados de la física al procesarlos, me refiero a las espantosas flatulencias.

Cama y comida deberían vivir en casas distintas.

Me fascinan las ostras heladitas acompañadas de un frío champagne, pero prefiero comérmelas en un restaurante y luego irme a casa sola. Si se trata de estar acompañada, entonces prefiero saltar la cena.

Ya sé que no soy muy romántica que se diga y soy un cero al cociente en las artes de la seducción. Lo que sí tengo claro es que una comida es lo último que se me ocurriría usar para seducir, si es que la enzima que produce el arte de la seducción no me hubiese sido negada genéticamente.

joanet dijo...

Gracias TX. Como puedes constatar no creo en absoluto en la comída afrodisíaca. Es un tema viejo y bastante debatido pero se me ocurrió escribir el post después de haber sufrido un discutido lunch sobre el tema, mientras comíamos unas ostras con amigos, que casi se me atragantan, sin seducción y sin champagne,claro.

joanet dijo...

Seducción y romanticismo están en dos galaxias distintas. El diccionario nos dice que seducir es "engañar con arte y maña". Aunque también se dice que hay dos maneras de seducir: la positiva y la negativa. Tú Lalodelce, por ejemplo, eres una gran seductora. No lo practicas en la mesa pero lo consigues escribiendo. Sin ir más lejos, me considero seducido con tu forma de escribir...
He dicho.

LJMALD dijo...

Buena pinta, Joanet!

lalodelce dijo...

"Ni muy listo ni tonto de remate
fui lo que fui: una mezcla
de vinagre y de aceite de comer
¡un embutido de ángel y bestia!"

Nicanor Parra


No sé ni porqué, pero decidí compartir este fragmento ... debe ser por los 'ingredientes' del fragmento de epitafio.

jose dijo...

Hola Joanet, como sabes compartimos el amor a la mar y digo a la mar y no al mar porque para mi la mar es femenina y a toda la riqueza en forma de alimento que nos dispensa.

Como puedes imaginar, he disfrutado de las gambas frescas de arenys en muchas ocasiones, llegando a comer demasiado y si algo tengo claro es que de afrodisiaco nada de nada.

Eso si despues de una buena comida siempre estoy receptivo y de buen humor, con eso lo que te quiero decir es que el comer bien y en buena compañia estrecha los lazos de amistad entre las personas y eso es lo que hemos forjado entre nosotros con nuestros almuerzos en la taberna, que espero repetir pronto.
Un abrazo muy fuerte y espero verte pronto

Camille dijo...

Pues yo una vez conocí a un italiano, de Génova, que juraba que los espaghettis le ponían a cien...jisjisjis, el caso es que sí, eh? jajajaja

Un beso, joanet y graciasssssss

Anónimo dijo...

Me gusta los comentarios, tan inteligentes . Jajaja